No hay derechos ni deberes absolutos, siempre hay un límite…

Más allá del refrán popular que dice, los derechos de alguien terminan donde comienzan los del prójimo, debería reflexionarse dónde comienzan los deberes y cuántos pocos se hacen responsables de estos.

Diversos casos particulares alrededor del mundo confirman a lo largo de la historia que no existen ni derechos ni deberes absolutos, siempre hay excepciones, siempre hay límites para ambos ámbitos.

Como sucedió en Sudáfrica, cuando Nelson Mandela expresidente sudafricano (gobernó de 1994 a 1999), defendió los colores- verde y dorado- del uniforme de los Springboks, como se le ha llamado a la selección sudafricana de rugby, cuando una mayoría negra votó a favor de erradicarlos por considerarlos aún una parte que simbolizaba el “apartheid”.

Para Mandela, si se quería unificar a la nación se debían respetar también los derechos de los ciudadanos sudafricanos blancos, por tanto la población negra no podía tomar el tema de abolir los colores tradicionales de los Springboks como una venganza por el pasado de racismo. 

De esa manera, Mandela defendió los derechos de los blancos y solicitó la cordura de los negros, y abogó por sus deberes como ciudadanos de la nación para respetar a sus conciudadanos, todo en beneficio del perdón, la reconciliación y la reunificación sudafricana.

Cada 18 de julio se conmemora el Día Internacional, según Naciones Unidas, de Nelson Mandela, dedicado a la paz, la democracia y la libertad.

Más recientemente, varios medios en Europa han cubierto la noticia donde el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos condenó a un empresario en Estrasburgo, Francia, por intromisión en la vida privada de un empleado, que enviaba correos electrónicos personales desde su cuenta de correo corporativa. El tribunal europeo no condena la práctica de vigilancia empresarial, pero debe advertirse previamente y no realizarse a manera de espionaje.

Previamente, un tribunal local, en Estrasburgo, ya había dado la razón al empleador por despedir al empleado por dicha actividad fuera del trabajo contratado.
Bien, derechos por un lado y deberes por otro. La principal reflexión sería evaluar cuáles son los verdaderos derechos y deberes de los empleados y empresarios, y hasta dónde llega el derecho a la privacidad.

El empleado debe dedicarse a su labor para rendir más y contribuir así con la productividad de la empresa y el empleador debe reconocer que tener momentos de privacidad (como enviar un correo personal por parte del asalariado) no perjudica el rendimiento laboral.